4/7 Cumpleaños feliz
Pues sí, hoy ha sido mi cumpleaños. Y ha empezado mucho mejor que el de hace quince años. Esta vez me he despertado yo solito a las nueve de la mañana. Como ayer prometí que me encargaría de hacer el desayuno, he pensado que podía levantarme para que, cuando fueran amaneciendo los demás, ya estuviera todo listo. Ja. Todos los demás ya estaban levantados. Desde luego, ya no somos los que éramos.
Además, Jesús había cogido el mando de las operaciones y ya estaba haciendo los huevos para desayunar, así que yo, al menos, he puesto la mesa.
—Aquí faltan platos y cubiertos. ¿Dónde está la vajilla de la cena?
—No sé, Rada se encargó de fregar.
—No me… Seguro que ese cabrón metió todo en el lavavajillas y se fue a dormir.
En efecto, ahí estaban los platos, vasos y cubiertos de la noche anterior. Conque he sacado lo que faltaba para los cinco desayunos, lo he fregado y he puesto la mesa. Entonces ha salido Rada de la ducha.
—Tío, con dos cojones lo de meter la vajilla sucia en el lavavajillas e irte a dormir.
—¿Cómo que sucia? Lo fregué todo y, como no había sitio para dejarlo, lo metí en el lavavajillas para que se escurriera por la noche.
—…
—¿Pero qué idea tenéis de mí?
Pues la que te has ganado durante los últimos cincuenta años. Pero, como he dicho antes, parece que ya no somos los que éramos.
En fin, hemos desayunado bastante bien y nos hemos ido a coger el teleférico que sube al Männlichen, una de las montañas que rodean Wengen, para coger alguno de los senderos que salen de allí. En realidad, el teleférico no sube hasta la cima, sino que te deja unos 150 m más abajo. Si quieres llegar al mirador que hay en la cúspide, tienes que subir andando. Pues primer paseíto, oye, y primera ocasión de darme cuenta de lo desentrenado que estoy, por si tenía alguna duda.
Desde los 2350 m del mirador (y desde los 2200 m de la estación del teleférico también, no os voy a engañar) se ve un montón de montañas más altas que la rodean, de más de 3000 m e incluso de 4000 m, como el Mönch y el Eiger. Aunque la más alta de la zona, el Jungfrau, apenas se atisba porque la tapa otro monte más cercano. Si ampliáis mucho esta foto, detrás de la montaña más alta de la parte derecha se puede ver cómo asoma un piquito; eso es la cima del Jungfrau. Pero, aunque casi no se ve la montaña más alta y famosa del valle, las vistas son espectaculares.Luego hemos echado a andar en el otro sentido, hacia la montaña negra que veis en la foto. Aunque por el camino hemos parado en el restaurante y he invitado a mis amigos a una cervecita por mi cumpleaños. Ya había gente comiendo, pero nosotros hemos preferido ir a dar un paseo antes.
Nos habían hablado de un sendero bastante llano con muy buenas vistas y hacia allá que hemos ido; pero sin demasiado éxito. A causa de las lluvias recientes (hoy hemos tenido un sol esplendoroso), el sendero panorámico estaba cerrado por el riesgo de desprendimientos. En fin, hemos tenido que conformarnos con otro cercano que bajaba hacia unos laguitos. Allí nos hemos quedado un rato descansando y disfrutando del día tan bueno que teníamos.
Claro que no todos. Nuestros Javis han decidido que esa tranquilidad zen que yo irradiaba no era para ellos; tenían ganas de más caña y se han ido a triscar como cabras por ahí. Esa parte os la tendrán que contar ellos, aunque ya os adelanto que se han dado una buena paliza.
Los demás nos hemos ido a comer al restaurante. Mi sopa, al menos, estaba muy buena, y las patatas fritas que le he robado a Jesús, también. Luego hemos tomado café y, en vista de que nuestros amigos no volvían, les hemos mandado un mensajito y al teleférico de vuelta a Wengen.
Ya en el pueblo nos hemos dado una vuelta, tranquilamente, y hemos ido al supermercado a comprar cosas para la cena y el desayuno del día siguiente. Entonces hemos recibido un mensaje de los otros dos. Que ya bajaban. Andando. Claro trastorno mental, oye. A ver, se puede subir y bajar al Männlichen andando; hay un sendero que lleva allí. Según los indicadores, 3h 15 min la subida y 1 h 45 min la bajada, pero qué necesidad, oiga. En fin, nosotros hemos seguido un rato por el pueblo, incluyendo intentos de funambulismo (a medio metro del suelo) por parte de Juste y Jesús, y al chalet a descansar.
Finalmente, nuestros amigos también han llegado al chalet, casi a rastras. Así que hemos dejado nuestra partida de tute cabrón (hacía tanto que no jugábamos que hemos necesitado un rato para acordarnos de las reglas) y hemos preparado la cena, mientras los otros dos se reponían un poco. Hemos cenado, nos hemos tomado unas cervezas hablando de la geopolítica alimentaria y a dormir. Mañana cambiaremos de sitio.








La pareja de Javis ha bajado un tanto hambrienta. Una llamada para preguntar que les parecía una ensalada para cenar fue coreada con unos berridos de protesta desaforados. Menos mal que aún no se han inventado las hostias por wasap
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