3/7 A Suiza

Dieciocho años después de ir a Suecia, nuestros babiles decidieron repetir el viaje. Pero, como son un poco zoquetes, han confundido Suecia con Suiza. A ver, que no les pongan nombres tan parecidos.

Y tampoco son los mismos babiles. Esta vez, Fran, nuestro Babil 1, no ha podido venir, pero se nos ha unido Jesús en su lugar. Aunque no fue con nosotros al colegio (nos hicimos amigos en la universidad), también es el mayor de nuestro grupito, así que lo hemos nombrado Babil 1 honorario y adelante con los faroles.

Y, vale, tampoco es que nos hayamos equivocado de país. Lo que pasa es que Javier S, nuestro Babil 5, lleva varios años viviendo en Suiza, así que nos hemos venido a pasar unos días con la excusa de venir a verlo.

Al igual que entonces, unos hemos salido desde Madrid y los otros, desde Barcelona. Bien, como ahora Javi no necesitaba salir desde ningún sitio porque ya estaba en Ginebra, desde Madrid solo ha salido uno, que era yo. Ayer me llegó un mensaje para facturar, así que entré en la aplicación de Iberia, le di al botón y, en lugar de las habituales opciones para meter más equipaje, elegir asiento, etc. (todo ello pagando, claro), me venía una sola: paga 50 € más y te metemos en Business. Irás más ancho, te daremos de comer y beber, embarcarás antes sin hacer cola, podrás facturar la maleta… Pues no solo eso, sino que también me he metido en la sala VIP a desayunar y despatarrarme un rato en un sillón. Que ya vamos teniendo una edad, oiga.

Tras un viaje sin muchos incidentes, he llegado a Ginebra y antes de las dos ya me había reunido con mi amigo, que ha venido a buscarnos al aeropuerto. Claro que los de Barcelona llegaban a las cuatro, más lo que les costara recoger equipajes y salir, así que hemos hecho un plan: recoger el coche de alquiler, ir a su casa a ver a Cristina y los chicos, comprar cosas para la cena y el desayuno del día siguiente y volver al aeropuerto a recoger al resto.

El coche que nos han dado era bastante grande y, sobre todo, tenía un maletero enorme. Por mucho que hemos intentado desparramar nuestro equipaje para hacer creer a nuestros amigos que no entrarían sus maletas, hemos fracasado miserablemente.

Lo sentimos, no cabe nada más

Hemos montado en el coche y, un metro y veinte centímetros más tarde, ¡¡¡raaaaaasca!!! A tomar por saco el retrovisor, junto con parte de la chapa. Había una columna metálica que me pillaba justo en el ángulo muerto y… En fin, no olvidéis coger el seguro a todo riesgo cuando alquiléis un coche.

Todo esto ha ocurrido frente a la oficina de Hertz, cuyos ocupantes nos miraban con cara de: no os preocupéis, que nosotros hemos visto de todo. En fin, hemos firmado unos papeles y nos han dado otro coche, igual de grande que el anterior. Aunque, con todo el trajín, se nos ha hecho un poco tarde, así que hemos tenido que ir a un supermercado más cercano al aeropuerto, sin pasar por casa de Javi. Ya comeremos con su familia el domingo.

Una vez aprovisionados, hemos vuelto al aeropuerto a tiempo de recoger a nuestros amigos. Y, antes de eso, a tiempo de ver cómo su avión tenía prevista su llegada media hora más tarde de lo que nos habían dicho. Tanta prisa para esto. Al menos, el avión ha sido puntual y ya no hemos perdido más tiempo. Bueno, salvo que Javi había cogido unas llaves que no debía, así que, finalmente, hemos tenido que pasar por su casa. Al menos, así hemos podido estar cinco minutos con Cris y los chicos, y hemos cogido una caja de cervezas para la noche. Desde que volví de China, era solo la segunda vez que veía a Cristina. La vida, que da muchas vueltas.

Y ya no hemos vuelto a chocar con nada hasta llegar a nuestro destino intermedio, Lauterbrunnen. Hemos dejado el coche en el parking de la estación y cogido el tren cremallera que nos ha traído a nuestro destino final, Wengen, un pueblecito sin coches situado 500 metros más arriba, en medio de la montaña. Y donde habíamos alquilado un chalet para pasar un par de días; de ahí que necesitáramos hacer compra antes.

Hasta la estación parece de cuento

Claro que primero teníamos que encontrar el chalet. Javi ha sacado su Google Maps y ha lanzado su candidatura al Premio Pathfinder de este viaje. Le hemos seguido un buen rato cuesta arriba y luego, el mismo trayecto cuesta abajo porque, ah, se había equivocado de camino. El segundo intento ya ha tenido más éxito y hemos llegado al chalet Aargovia. Hemos interrumpido a nuestro anfitrión en sus rezos (al parecer, es musulmán, aunque nos ha contado que su familia lleva 600 años viviendo en Wengen), pero nos ha enseñado en seguida la casa y todas sus instalaciones. Parece un chaval bastante majete.

Juste y yo hemos cogido el turno de cocina, que ha consistido en poco más que hacer unas salchichas gordas que habíamos comprado. Con eso, una tabla de quesos y unas cervezas, hemos cenado la mar de bien. Y luego ya me he subido a dormir, que llevaba un día muy largo. Mañana nos iremos a hacer el cabra por el monte, si el tiempo acompaña.

Comentarios

  1. Comenzaba aquí el baile de camas para intentar aislarnos de los ronquidos y las flatulencias ajenas. No siempre con éxito

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