7/7 Se acabó
Esta mañana hemos quedado para desayunar a las 9:00 y ahí estábamos todos a esa hora, menos Rada, que por algo es el tardón del grupo. En cierta ocasión llegó 25 horas tarde a una cita, pero esta es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. En cualquier caso, su producción artística y literaria no se ha incrementado durante la noche.
Luego hemos recogido todo y hemos empezado el largo camino de vuelta a casa (después de esperar a Rada otro rato). En primer lugar, en dirección a Nyon porque el chico quería bañarse en el lago Lemán, ya que el día anterior no pudo ser por el mal tiempo. Un rato de carretera y allá que pudo ir el muchacho a nadar durante un buen rato, mientras los demás vagueábamos en la orilla.
En el agua había también unos cuantos patos, aunque no ha llegado a haber enfrentamientos entre los nadadores. Pero a Sierra no se le ha ocurrido mejor idea que, después de que el chico había salido todo feliz de su baño, hablarle del piojo del pato. Es un parásito de los patos que a veces salta al hombre, aunque no causa problemas graves porque no puede completar su ciclo vital sobre nosotros; pero sí que puede ser molesto durante una o dos semanas. A Rada le ha picado todo durante el resto del día; éxito total.
Como se nos había hecho un poco tarde, hemos cambiado ligeramente los planes. En vez de pasar por casa de Javi para recoger a su familia, habíamos quedado con ellos en un pueblo de camino al restaurante. Íbamos a comer en un sitio al que ellos han ido más veces, en la cima de un monte con muy buenas vistas al lago. O, al menos, muy buenas vistas cuando no hay niebla; por desgracia, hoy la había. Y bien consistente.
En fin, una vez arriba, hemos aparcado a unos quinientos metros del restaurante y hemos recorrido la parte final andando. No se veía nada a lo lejos, pero el bosque con niebla también tiene su encanto.
Ya en el restaurante, nos hemos sentado, hemos pedido y Rada ha decidido que quería cambiarse las lentillas, para lo que debía volver al coche (hoy tenía el día inquieto). No contaba con la rapidez del restaurante, que nos ha sacado la comida nada más salir él del local, así que hemos tenido que esperar a su vuelta para empezar a comer. Que no, hombre, que no; suerte ha tenido de que le hemos guardado su parte. Por cierto, nos han sacado una cosa riquísima para postre: crema de Gruyére, que es una crema de queso un poco sosa, servida con una especie de bizcochos de merengue duro muy dulces. Así no parece muy apetitoso, pero la gracia está en comérselo todo junto; entonces cambia completamente.
Y ya nos hemos despedido de Javier y su familia para ir al aeropuerto. Hemos devuelto el coche y yo me he ido directamente a soltar la maleta y hacia el control de equipajes, porque mi avión salía un par de horas antes que el de mis compañeros. Y a casita.
Los que sí que iban a llegar tarde a la suya eran Jesús y Rada, porque aterrizaban en Barcelona sobre las once, pero luego tenían que coger el coche, dejar a Juste en El Vendrell y seguir camino hasta Zaragoza. Al llegar Juste a su casa, sus hijas se han sorprendido al ver que se había comprado una mochila nueva. Media vuelta de los otros dos para que Jesús y Juste pudieran recoger cada uno su mochila. Ay, cuántos cerebros desperdiciados por el mundo.


Había mucha oscuridad cuando me bajé del coche y me puse la mochila en la espalda. Esa es mi peregrina excusa
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